Loading...
Desde que acompaño a personas en búsqueda de feminidad, hay una pregunta que ya he escuchado y que no es tan banal:
«Jennifer, me travisto… ¿debo decírselo a mi pareja?»
Y cada vez, detrás de esta pregunta, siento el peso del dilema en vuestros ojos. La necesidad de ser amado tal como se es, y al mismo tiempo, el miedo a perderlo todo.

En una relación, la sinceridad suele verse como un valor esencial.
Compartir esta faceta de ti, es mostrarte tal como eres, en toda tu complejidad.
Para algunos, esto permite construir una base sólida, sin tener que ocultar o mentir. Decir que te travistes, es reivindicar una parte íntima de tu identidad, una manera de decir: «esto también soy yo».
Por otro lado, muchos temen al rechazo.
Este secreto a veces está bien guardado, protegido por años de silencio.
Para algunos, travestirse es un espacio de libertad, un jardín secreto, no necesariamente una identidad a exponer. El miedo a que el otro no entienda, que asocie travestismo con engaño, libertinaje o confusión, es bien real.
Entonces callas. Retrasas el momento.
Esperas que el amor sea suficiente.
Y a veces, eliges vivir a medias, convencido/a de que eso protegerá al otro — y a ti mismo/a.
A veces, el dilema no se plantea en blanco o negro.
No es “lo digo todo” o “no digo nada”, sino más bien: “cuándo y cómo decirlo”.
Ese tiempo, el de la maduración, es personal para cada uno/a. Hay personas para quienes sucede de forma natural, después de unas semanas.
Otras necesitarán meses, incluso años. O quizás… nunca.
Pero a fuerza de ocultar, algunos terminan apagándose, a veces en sentido figurado y literal.
Un secreto para llevar exige energía, genera estrés, y el estrés no es bueno para el corazón… Lo que se calla demasiado tiempo puede volverse pesado de cargar.
Otros, en cambio, eligen pasar página, vivir una nueva vida sin nunca volver sobre esa parte de sí mismos.
Aunque observo que en algún momento, eso vuelve una y otra vez… en un pensamiento, un sueño, un deseo que resurge.
No hay reglas. Solo trayectos singulares, sentimientos diferentes y el deseo profundo de encontrar un equilibrio.
Algunas personas eligen guardar esa parte de sí mismas bien protegida, como un refugio personal.
No sienten la necesidad de compartirla, o saben perfectamente que no sería aceptada.
Cada historia es única, y cada sentimiento merece ser recibido con respeto.
Con el tiempo, he aprendido que no existe una única respuesta correcta.
Cada quien hace lo que puede, como siente.
Algunxs vienen al estudio para reencontrarse, para entender lo que realmente quieren.
Prueban, se ponen a prueba, avanzan. A veces eso les ayuda a hablar. A veces les ayuda a encontrar otro ángulo, otra manera de vivir su verdad.
Y está bien. Todo lo que te acerca a ti mismo/a merece ser respetado.
Lo más difícil, a veces, no es lo que el otro podría pensar, sino lo que tú imaginas que podría pensar.
Esta proyección del rechazo te encierra, te paraliza. Y sin embargo… la realidad puede sorprenderte.
Que el otro escuche, entienda, acepte. Y también que no…
Pero al fondo, lo que he comprendido es que este camino es menos una cuestión de valentía que una cuestión de amor propio.
Si estás en esta reflexión, sabe que no estás solo/a.
En Transbeauté, puedes venir sin presión, solo para probar, charlar, comprender.
No estoy aquí para juzgar o dirigir, sino para acompañar una elección, la tuya, la que te hace bien.
Y a veces, eso basta para hacer balance. De verdad.
Jennifer
Aucun commentaire pour l'instant.